Celulitis y Alimentación


Prevención celulitis

Con el paso de los años, la mayoría de las mujeres suelen padecer el desagradable fenómeno de la celulitis o piel de naranja. Una vez se manifiestan sus síntomas, es muy difícil eliminarlos. De ahí, la importancia que adopta el papel de la prevención.

La celulitis se caracteriza por la acumulación de grasa y líquido, a nivel subcutáneo, y por un envejecimiento de la piel de determinadas partes del cuerpo (principalmente los músculos, nalgas, caderas y abdomen). Existen distintos tipos y grados de celulitis, pero los casos más extremos, además de considerarse problemas estéticos, pueden llegar a convertirse en enfermedades que requieren ser tratadas por médicos especializados. Alimentarse con precaución La alimentación es una parte muy importante en todos los grados de celulitis, ya que si se consigue un peso estable y se mantiene una dieta, se puede mejorar mucho el aspecto de la piel, reduciendo los signos de celulitis, o piel de naranja, que tanto preocupan. Es importante recordar que una dieta radical, drástica o basada en combinaciones de alimentos inapropiados, puede resultar efectiva para perder peso de manera puntual, pero no se recomienda en ningún caso (y mucho menos como sistema preventivo para la celulitis), ya que los cambios que provoca en nuestra composición corporal, puede alterar también la piel, ocasionando efectos no deseados y consecuencias perjudiciales para la salud. La dieta para tratar la celulitis equivale a llevar una alimentación sana. Las bases de una dieta equilibrada y saludable se puede resumir en: mantener unos horarios y hábitos regulares para comer, repartir el consumo de alimentos en 4 o 5 tomas diarias, consumir diariamente verduras y frutas, tomar comidas ricas en fibra, aumentar el consumo de pescado y disminuir el consumo de carnes y embutidos, evitar el consumo de alimentos ricos en azúcares, no ingerir bebidas alcohólicas ni estimulantes como el café, beber agua de manera abundante (entre 1,5 y 2 litros al día), reducir o eliminar los alimentos salados, cocinar con poca grasa y evitar los alimentos precocinados o en conserva.